CONSTRUIR CUESTA DÉCADAS; DESTRUIR PUEDE TOMAR POCOS AÑOS.

CONSTRUIR CUESTA DÉCADAS; DESTRUIR PUEDE TOMAR POCOS AÑOS.
Las grandes naciones no se construyen de la noche a la mañana.
Son el resultado del trabajo acumulado de generaciones enteras que estudian, trabajan, emprenden, gobiernan, enseñan, producen y crean instituciones que sobreviven a quienes las fundaron.
México no es la excepción.
Durante gran parte del siglo XX se construyeron instituciones que, con todos sus defectos, dieron estabilidad al país, ampliaron oportunidades y permitieron el desarrollo económico y social de millones de mexicanos.
Nada de ello fue perfecto. Hubo errores, excesos, corrupción y decisiones equivocadas. Sin embargo, también hubo visión de largo plazo y una convicción fundamental: fortalecer al Estado Mexicano.
Hoy, cuando el país enfrenta profundas transformaciones políticas, conviene recordar una verdad elemental: lo que toma décadas construir puede deteriorarse en muy poco tiempo.
LO QUE TOMÓ DÉCADAS LEVANTAR.
1. La seguridad social y la protección de los trabajadores.
La creación del IMSS, del ISSSTE y de múltiples mecanismos de protección social representó uno de los mayores esfuerzos de construcción institucional en la historia nacional. Millones de trabajadores pudieron acceder a atención médica, pensiones y prestaciones que antes eran impensables.
La seguridad social no surgió espontáneamente. Fue producto de décadas de planeación, financiamiento y trabajo técnico.
2. La estabilidad económica.
Después de severas crisis económicas.
México construyó instituciones capaces de generar estabilidad macroeconómica,controlar la inflación y ofrecer certidumbre a inversionistas y ciudadanos.
La autonomía del Banco de México, la disciplina fiscal y la apertura económica permitieron que varias generaciones vivieran en un entorno mucho más estable que el conocido por sus padres y abuelos.
La confianza no se decreta. Se construye lentamente.
3. La infraestructura y el capital humano.
Carreteras, puertos, aeropuertos, universidades, hospitales, sistemas hidráulicos y redes de comunicación son el resultado de décadas de inversión pública y privada.
Lo mismo ocurre con el capital humano. Formar médicos, ingenieros, actuarios, maestros e investigadores requiere años de esfuerzo, recursos y continuidad institucional.
Las obras materiales pueden verse. Las capacidades humanas tardan más en apreciarse, pero son aún más valiosas.
LO QUE HOY CORRE EL RIESGO DE PERDERSE.
1. El fortalecimiento institucional.
Las democracias modernas descansan sobre instituciones fuertes, no sobre personas providenciales.
Cuando los contrapesos se debilitan, los organismos autónomos pierden independencia o las decisiones se concentran excesivamente, el riesgo no es para un partido político u otro. El riesgo es para la estabilidad futura del país.
2. La capacidad de construir acuerdos.
Las sociedades avanzan cuando son capaces de dialogar y encontrar puntos de coincidencia.
La polarización permanente puede producir beneficios políticos de corto plazo, pero genera costos sociales de largo plazo. Ninguna nación prospera cuando una parte significativa de sus ciudadanos es considerada enemiga de la otra.
3. La confianza en el futuro.
La inversión, la innovación y el crecimiento requieren certeza.
Cuando las reglas cambian constantemente o las señales institucionales se vuelven ambiguas, la confianza comienza a erosionarse. Y una vez perdida, recuperarla puede tomar muchos años.
Reformar no es destruir
México necesita cambios. Siempre los ha necesitado.
Combatir la corrupción, reducir la desigualdad y mejorar la calidad de los servicios públicos son objetivos legítimos y necesarios.
Pero existe una diferencia fundamental entre reformar y demoler.
Reformar significa corregir aquello que no funciona para preservar aquello que sí funciona.
Demoler implica asumir que todo lo construido anteriormente carece de valor.
La historia demuestra que las naciones exitosas son aquellas que saben mejorar sus instituciones sin sacrificar los fundamentos que les han permitido avanzar.
REFLEXIÓN FINAL
Los países, como las familias, las empresas y las relaciones humanas, son obras de largo plazo.
Lo valioso rara vez surge de manera inmediata. Requiere tiempo, esfuerzo, paciencia y continuidad.
Las instituciones tardan décadas en consolidarse. La confianza tarda generaciones en construirse. La prosperidad exige visión de futuro.
México no fue construido en un sexenio.
Tampoco puede reconstruirse desde la negación de todo lo que hicieron quienes nos precedieron.
Porque la lección más importante de la historia es también la más sencilla:
CONSTRUIR CUESTA DÉCADAS. DESTRUIR PUEDE LLEVAR POCOS AÑOS.

