Cuando sube la temperatura, también suben los gastos

Análisis 14 de agosto de 2026 Por Mtra. María Cecilia Meade | Colaboradora Editorial

El verano cambia nuestras rutinas, nuestros hábitos de consumo y, sin darnos cuenta, también nuestras finanzas.

El verano tiene una característica que pocas veces analizamos desde las finanzas: no necesariamente cambia nuestros ingresos, pero sí cambia nuestra manera de gastar.

Llegan las vacaciones, los hijos pasan más tiempo en casa, cambian los horarios, salimos más, utilizamos más el automóvil y, en muchas regiones, aumenta el consumo de electricidad. También aparecen esos pequeños gastos que parecen insignificantes: una bebida fría, un helado, una comida a domicilio, una actividad improvisada o una compra para entretener a los niños.

Cada uno parece inofensivo. El problema aparece cuando se repiten.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)1, muestra que el gasto corriente monetario promedio de los hogares mexicanos fue de 47,674 pesos trimestrales (aproximadamente 15,891 pesos mensuales). De este gasto, el 37.7% corresponde a alimentos, bebidas y tabaco, mientras que el 19.5% se destina a transporte y comunicaciones.

Son precisamente categorías que pueden modificarse cuando cambia la rutina familiar durante el verano.

Por eso, más que preguntarnos cuánto cuesta el verano, vale la pena preguntarnos: ¿Qué nuevos hábitos de consumo aparecen cuando llega el verano?

1. Los pequeños gastos también hacen verano

Uno de los mayores riesgos para las finanzas familiares durante esta temporada no necesariamente está en una gran compra, sino en la acumulación de pequeños gastos.

Pensemos en una familia de cuatro personas que compra bebidas por $180, dos veces a la semana durante ocho semanas. Son $2,880 pesos. Si además pide comida a domicilio una vez por semana por $600, se suman otros $4,800 pesos. En solo dos hábitos aparecen $7,680 pesos.

Y todavía faltan los helados, estacionamientos, gasolina adicional, actividades infantiles y compras espontáneas.

La intención no es decir que estos gastos deban eliminarse. El punto es hacerlos visibles. Porque administrar no significa dejar de disfrutar. Significa saber cuánto estamos destinando a aquello que disfrutamos.

El verano modifica también la alimentación. Cuando hace calor, cocinar puede resultar menos atractivo y, con los hijos en casa, cambian horarios y necesidades: el refrigerador y la despensa necesitan tener más refrigerios, tentempiés y botanas.

La ENIGH confirma la importancia de esta categoría: alimentos, bebidas y tabaco representan el 37.7% del gasto corriente monetario promedio de los hogares1.

Una estrategia sencilla puede ser planear comidas de verano que requieran menos tiempo y permitan aprovechar mejor lo que ya tenemos: preparar una comida para utilizarla también al día siguiente, tener agua fría o aguas de frutas preparadas en casa, aprovechar frutas y verduras antes de que se desperdicien y revisar el refrigerador antes de volver a comprar.

“Lo que se compra y no se utiliza también es dinero perdido.”

2. El calor también tiene un costo financiero

El clima influye en nuestras decisiones más de lo que pensamos.

Durante los meses de calor utilizamos más ventiladores, aire acondicionado y refrigeración. La Comisión Federal de Electricidad (CFE)2 recomienda mantener el aire acondicionado alrededor de 25 °C y señala que, por cada grado que se reduzca la temperatura, el consumo de energía puede aumentar entre 4% y 6%.

Un grado parece poco. Pero una hora adicional de aire acondicionado también parece poco. La diferencia está en la repetición.

Una decisión pequeña, mantenida durante semanas, puede convertirse en un gasto importante, y eso sin contar las veces que se dejan abiertas puertas y ventanas, por donde entra el calor y se necesita volver a enfriar la habitación.

Lo mismo ocurre con el automóvil. Más salidas, visitas, actividades y viajes modifican el consumo de gasolina y otros gastos relacionados con el transporte.

La solución no es dejar de salir. Es anticipar que la rutina será diferente y darle un lugar dentro del presupuesto.

“Los gastos no aparecen únicamente porque compramos algo; también aparecen porque cambiamos nuestros hábitos.”

Por eso, cuando llega el verano, no basta con revisar el presupuesto habitual. Conviene preguntarnos qué vamos a hacer diferente y cuánto puede costar esa nueva rutina.

3. Las vacaciones cuestan más que el viaje

Cuando pensamos en vacaciones solemos presupuestar lo evidente: transporte, hospedaje, comidas y actividades. Pero alrededor del viaje aparecen otros gastos: peajes, estacionamientos, propinas, bebidas, snacks, transportación local, compras espontáneas, actividades que no estaban previstas, una comida más costosa o una excursión que decidimos hacer “ya que estamos aquí”.

Cada gasto parece pequeño, pero juntos pueden modificar considerablemente el presupuesto. Por eso, una buena planeación de vacaciones debería contemplar desde el principio una cantidad para gastos variables o imprevistos.

No significa que necesariamente tengamos que gastarla; significa que sabemos que pueden surgir.

También es importante hablar del crédito. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF)3 ha recomendado evaluar cuidadosamente la capacidad de pago antes de financiar vacaciones y considerar el costo total del crédito (incluyendo el Costo Anual Total, CAT), no solamente la mensualidad.

Una pregunta puede ayudarnos: ¿Podemos pagar estas vacaciones sin comprometer nuestras finanzas de los próximos meses?

La tarjeta de crédito puede ser una excelente herramienta cuando se utiliza correctamente, pero no debería convertirse en una extensión del ingreso. Una vacación termina; la deuda puede quedarse mucho más tiempo.

4. Ahorrar también significa encontrar nuevas formas de disfrutar

Durante mucho tiempo hemos entendido el ahorro como sinónimo de restricción: no comprar, no salir, no gastar. Pero existe otra manera de verlo.

“Ahorrar también es ser creativo.”

●     Una cena preparada en casa puede convertirse en una experiencia familiar.

●     Un picnic puede sustituir una comida costosa.

●     Una tarde de cine en casa puede ser tan divertida como una salida.

●     Una reunión con amigos puede organizarse en casa.

●     Cocinar helados con los niños puede convertirse en un recuerdo.

No se trata de convencer a una familia de que todo debe ser gratuito. Se trata de recuperar una idea que a veces olvidamos:

“El precio de una experiencia y su valor no son necesariamente lo mismo.”

Una tarde de conversación puede costar muy poco y tener un enorme valor. Una comida familiar puede ser más memorable que un restaurante. Una actividad sencilla puede generar más convivencia que una compra.

Ésta es una forma más inteligente de entender el ahorro: no como renuncia, sino como la capacidad de obtener más valor de los recursos que tenemos. Y ésta es, precisamente, una de las grandes tareas del Management del Hogar Contemporáneo: administrar el tiempo, el dinero y los recursos de manera que contribuyan realmente a la calidad de vida.

5. El verano también merece una revisión financiera

Las empresas terminan un periodo y revisans sus resultados. Comparan lo presupuestado con lo gastado, analizan las desviaciones y toman decisiones para el siguiente periodo. En el hogar podemos hacer exactamente lo mismo.

Al terminar el verano, basta con sentarnos y revisar cuatro preguntas:

1.    ¿Cuánto habíamos planeado gastar?

2.    ¿Cuánto gastamos realmente?

3.    ¿En qué nos desviamos?

4.    ¿Qué gastos realmente valieron la pena?

No se trata de buscar culpables; se trata de aprender.

Si gastamos más en alimentos, podemos preguntarnos si faltó planeación. Si aumentó la gasolina, podemos identificar cuánto correspondió a las vacaciones y cuánto a las salidas improvisadas. Si aumentó la electricidad, podemos revisar qué hábitos cambiaron. Si gastamos más en entretenimiento, podemos distinguir entre aquellas experiencias que realmente disfrutamos y aquellas que simplemente surgieron por falta de planeación.

No toda desviación presupuestal es negativa. Una experiencia familiar extraordinaria puede justificar un gasto mayor; una compra impulsiva que nadie recuerda, probablemente no.

La administración financiera no consiste en evitar todas las desviaciones; consiste en entenderlas. Y cuando entendemos nuestros hábitos, podemos tomar mejores decisiones el siguiente año.

El verdadero lujo del verano

Quizá el mejor propósito financiero para esta temporada no sea simplemente gastar menos. Sea gastar mejor.

Planear las comidas, anticipar los gastos variables, revisar el consumo de energía, definir cuánto queremos destinar al entretenimiento, evitar que las pequeñas compras se conviertan en una rutina y, sobre todo, preguntarnos antes de gastar: ¿Esto realmente vale lo que cuesta para nosotros?

Porque administrar bien el dinero no significa vivir con miedo a gastarlo. Significa saber para qué queremos utilizarlo. El verano puede ser una excelente oportunidad para descubrirlo.

Podemos disfrutar, descansar, viajar, recibir amigos, compartir con nuestros hijos y crear recuerdos, sin perder de vista nuestras finanzas. Al final, el objetivo no es tener el verano más barato, pero tampoco el más caro: es tener un verano que podamos disfrutar hoy sin sacrificar la tranquilidad financiera de mañana.

Y quizá ésa sea la mejor definición de una buena administración del hogar:

“No necesitas un presupuesto distinto para el verano; necesitas una rutina distinta.”

Cuando cambia la rutina, cambia el gasto. Cuando anticipamos el cambio, podemos administrarlo. Y cuando administramos mejor nuestros recursos, el dinero vuelve a ocupar el lugar que debe tener: ser un medio para vivir mejor, no una fuente de preocupación.

Porque el verdadero lujo no es gastar más... “Es disfrutar el presente sin hipotecar el futuro.”

Notas y Fuentes Citadas:

1. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024. Cifras sobre gasto corriente monetario promedio y su distribución porcentual por grandes grupos de gran consumo.

2. Comisión Federal de Electricidad (CFE). Recomendaciones de Ahorro y Uso Eficiente de Energía Eléctrica en Temporada de Verano.

3. Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF). Guía Práctica para el Uso Responsable del Crédito y Salud Financiera en Vacaciones.