LA AUDITORÍA DE DESEMPEÑO FRENTE A LA INCERTIDUMBRE GLOBAL DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO EN MÉXICO

La advertencia realizada por Banamex sobre el posible freno a las inversiones en México, como consecuencia de la incertidumbre en torno a la revisión del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), pone en manifiesto una realidad ineludible: las decisiones que se toman fuera de nuestras fronteras tienen efectos directos en el crecimiento económico, el empleo, la competitividad y el bienestar de millones de personas.
Esta realidad replantea un reto para las entidades de fiscalización y de quien nos dedicamos a la evaluación, si bien ningún órgano de control puede modificar las decisiones de política comercial y monetaria de otros países, sí se puede evaluar a las instituciones públicas para verificar si están actuando con eficacia para mitigar los riesgos, fortalecer las capacidades institucionales y generar condiciones que permitan mantener la confianza de los inversionistas y la competitividad del país.
Por ello, la auditoría de desempeño adquiere más que nunca un papel estratégico en su implementación y desarrollo, su propósito no debe limitarse a verificar si una dependencia alcanzó las metas previstas en un programa presupuestario, sino analizar si las inervenciones públicas producen valor público y permiten responder de manera efectiva a escenarios complejos e inciertos. Durante décadas, la fiscalización ha privilegiado el control financiero y el cumplimiento normativo, si bien ese enfoque ha permitido fortalecer la transparencia, normalizar la generación de documentación administrativa, combatir la corrupción y garantizar el uso adecuado de los recursos públicos; las transformaciones económicas, tecnológicas y geopolíticas exigen ampliar el alcance de las auditorías hacia la evaluación de la capacidad institucional del Estado para enfrentar desafíos cada vez más dinámicos.
La incertidumbre sobre el futuro del T-MEC es un ejemplo ilustrativo, las preguntas relevantes para una auditoría de desempeño no son únicamente cuánto presupuesto ejerció una Secretaría de Economía o cuántos incentivos fiscales se otorgaron, las preguntas verdaderamente estratégicas deben orientars a cuestionar si las acciones implementadas lograron mantener la confianza de los inversionistas, a verificar si se redujeron los tiempos para establecer una empresa, a evaluar si los gobiernos fortalecieron la infraestructura, a revisar si existen mecanismos eficaces para anticipar riesgos económicos externos, y sobre todo, a determinar si las políticas de desarrollo económico han incrementaron la competitividad regional.
Responder estas preguntas permitría conocer si las instituciones generan resultados tangibles para la sociedad y no que únicamente operaran para garantizar el cumplimiento de actividades y productos administrativos; en ese sentido, en el ámbito federal se tiene la oportunidad de evolucionar hacia auditorías que evalúen la resiliencia institucional del Estado mexicano frente a fenómenos globales; por su parte, las entidades de fiscalización superior locales enfrentan un desafío igualmente importante, ya que la competencia por atraer inversiones ya no depende exclusivamente de la política económica nacional, sino de la convergencia y resultados de gobiernos estatales y municipales.
La incertidumbre derivada de la revisión del T-MEC no constituye únicamente un desafío económico; hoy, en un contexto donde la confianza de los inversionistas y la estabilidad económica dependen de la capacidad de adaptación de los gobiernos, representa una oportunidad para replantear la forma en que se evalua el desempeño gubernamental y corporativo en México, a fin de que éste se consolide como uno de los principales instrumentos para fortalecer la gobernanza, mejorar la gestión pública y contribuir al desarrollo sostenible del país.
Solo así la fiscalización trascenderá su función tradicional de control para convertirse en un verdadero catalizador de transformación institucional y competitividad nacional.


